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Escrito Por en Ene 10, 2021 en Grecia y Roma, Héroes mitológicos, Héroes y heroínas, Heroínas | 0 Comentarios

Cartas de las heroínas

Cartas de las heroínas

¿Alguna vez te has parado a pensar lo que opinaban las mujeres de los héroes de la Antigua Grecia sobre las gestas y batallas de sus maridos o amados? Ovidio, sí.

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¿Y cómo serían las cartas que les mandaron tras el abandono o la muerte? Ovidio, el gran poeta romano especializado en mitología y en amor, decidió escribirlas. Se puso en la piel de esas mujeres e intentó reproducir sus sentimientos.

Aquí conocerás a algunos fragmentos de esas cartas: Las cartas de las heroínas griegas.

«Escucha

esos susurros en el aire;

son las voces perdidas

de las heroínas que traen palabras olvidadas

para hacerle un regalo a la verdad

y a todas las mujeres».

Andrea Balbuena

Penélope a Ulises

Ya sabrás que Ulises es el protagonista de la Odisea de Homero, y rey de Ítaca. Se marchó a la guerra de Troya, que duró diez años, más otros diez años que tardó en volver porque se entretuvo por el camino con monstruos y ninfas varias.

Mientras tanto, su mujer Penélope en casa tejía y destejía un sudario para no casarse con uno de los muchos pretendientes que se habían instalado en el palacio de Ítaca, donde vivían a su costa.

«A tí, insensible Ulises, te envío esta carta. Pero no me respondas. Ven tú mismo en persona. Muchos más de diez son los años que ya transcurrieron desde que zarpaste de Ítaca y abandonada aún me hallo».


Briseida a Aquiles

Aquiles, el héroe de la guerra de Troya y el del talón, conoció a Briseida cuando sus soldados arrasaron la ciudad de Lirneso y la secuestraron con su hermana Criseida. El rey Agamenón a su vez la raptó de nuevo. Así que Briseida harta de tanta tontería escribe a Aquiles para que vaya a rescatarla.

«¿A qué estás esperando? Agamenon se siente arrepentido por lo que provocó. Toda Grecia angustiada depende de ti. Te suplicamos que vuelvas al combate. Controla tu soberbia y tu cólera. Toma las armas (…) Cede a mis súplicas, nada tiene de deshonroso».

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Con este Aquiles se entienden los ruegos de Briseida

Filis a Demofonte

Demofonte era uno de los soldados de griegos que se escondieron en el caballo de madera durante la guerra de Troya. En su camino de regreso a Atenas durante una tormenta pidió asilo en Tracia. Allí se enamoró de Filis, la hija del rey. Se casó con ella y al día siguiente de la boda se marchó y prometió volver.

Nunca regresó, claro.

«Con esta carta, Demofonte, desde Tracia me quejo como tu enamorada, puesto que prometiste volver a mi casa para, de nuevo, ser tú mi huésped y yo, Filis, tu anfitriona. El tiempo transcurre inexorable y mi reproche por tu ausencia ya es inevitable»

Enone a Paris

Sí, Paris fue el que provocó la guerra de Troya, cuando secuestró a Helena. Era príncipe de Troya pero una premonición anunció a sus padres que sería la ruina del reino. Así que su padre lo abandonó en el campo y se crió con un pastor en los montes. Allí conoció y se casó con la ninfa Enone. Enone era experta en sanar heridas con hierbas curativas. Cuando el juicio de la manzana y la mujer más bella, Paris abandonó a Enone por Helena.

Solo se acordó de ella cuando en la guerra le hirieron y pidió unos ungüentos para curarse.

«Mi amado Paris, desde lo alto del monte Ida te envio estas palabras, aunque te niegues a ser mío. ¿Estás ahí? ¿O tu nueva esposa no te permite leer? Sigue leyendo».

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El jeta de Paris, herido de muerte, pide ayuda a Enone después de haberla abandonado

Hipsípila a Jasón

Imagina una isla de nombre Lemnos donde no hay hombres, solo mujeres. En realidad las mujeres mataron a los hombres. Por allí pasa un tal Jasón, un tipo bastante guapo, con sus amigos Argonautas en busca del vellocino de oro, una piel de carnero con poderes. Las mujeres son conscientes de que sin hombres se van a extinguir. Hipsípila se enamora de Jasón, se casan y tienen dos mellizos.

Pero Jasón la deja y sigue su camino en busca del carnero.

«Jasón, te escribe Hipsípila, reina de Lemnos, desde la isla en que me sedujiste. Me cuenta que ya regresaste a las costas de Tesalia, tu patria, con el preciado vellón de oro, después de haber dado muerte al dragón que lo custodiaba. Ojalá de todo esto me hubiera enterado por tí».

Dido a Eneas

Uno de troyanos supervivientes de la guerra de Troya de nombre Eneas huyó hacia lo que hoy es Italia para fundar un nuevo reino. Naufragó en las costas de Cartago, África, y allí conoció a Dido, la reina. Dido, que era viuda y se había prometido rechazar a sus pretendientes, rompió su juramento al ver a Eneas. Dido quería que Eneas se quedase en Cartago pero el dios Júpiter recordó a Eneas que Italia le esperaba. Y Eneas abandonó a Dido, sin despedirse.

«Estás decidido a partir y a abandonar a la desgraciada de Dido, y los vientos se llevarán tanto tus naves como mi confianza en ti. Estás decidido, Eneas, a soltar las amarras, deshacer tus promesas y salir en busca de unos reinos itálicos que ni siquiera sabes dónde se encuentran. Te dan igual Cartago y el poder que aquí tienes».

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Eneas canta y disimula que se va a marchar «a la francesa»

Hermíone a Orestes

Hermíone, no la de Harry Potter, sino la hija de Menelao y Helena era prima de Orestes. Su abuelo concertó el matrimonio para unir los reinos de Esparta y Micenas. Pero llegó Paris, se enamoró de Helena, que se marchó con él y comenzó la guerra de Troya. Así que el padre de Hermíone decidió casarla con Pirro, el hijo de Aquiles.

Hermíone escribe a Orestes para que vaya a rescatarla.

«A tí me dirijo, Orestes. Tú, que hasta hace poco eras mi primo y mi esposo, ahora solamente eres mi primo. Otra ostenta ya el título de esposa.

El hijo de Aquiles, a quien fui prometida por Agamenón en contra de mi voluntad, me ha hecho su prisionera, oponiéndose a las leyes humanas y divinas».

Deyanira a Hércules

El rey de Calidón y padre de Deyanira quería casarla con un dios-río. Deyanira no estaba demasiado entusiasmada con el novio. Pasó por allí Hércules, el cachas de las doce pruebas, y se enamoró de él. La vida transcurría feliz hasta que se cruzó por medio un centauro y otra mujer, lo que provocó la muerte de Hércules.

«En casa me siento sola y mi marido es más un huésped que un marido, que siempre está fuera, a la caza de monstruos y terribles fieras. Parezco una viuda, pero en realidad soy una mujer abandonada. Me tortura pensar que le arrebatan la vida a mi esposo las serpientes, los jabalíes, los leones hambrientos o los perros de tres cabezas»-

Ariadna a Teseo

Ariadna es la del hilo, sí. Era la hija de los reyes de Creta, donde estaba el Minotauro en el laberinto. Atenas debía mandar cada año siete tributos para alimentar al Minotauro. Nadie sobrevivía. Hasta que llegó Teseo y Ariadna no solo se enamoró de él, sino que le dio un ovillo de oro para ayudarle a escapar del laberinto tras matar al monstruo.

Teseo había prometido a cambio casarse con ella y llevársela a su tierra. Promesa que cumplió. Pero durante el viaje se pararon en la isla de Naxos y mientras Ariadna se echaba la siesta, la abandonó bajo una palmera.

«¿Qué voy a hacer yo sola en una isla deshabitada rodeada toda de mar, sin animales y sin los frutos de la labranza? Ni marineros ni embarcaciones se ven. Ni siquiera con compañeros, una nave y los vientos favorables de Éolo puedo regresar felizmente a mi patria. Para mi padre y Creta entera seré una exiliada».

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Medea a Jasón

Jasón, el que ya había abandonado antes a Hípsipila, la de la isla sin hombres, por fin llegó a la Cólquide a llevarse el vellocino de oro. El rey les prometió dárselo pero antes debían realizar unas pruebas imposibles como sembrar dientes de dragón. Apareció Medea, la hija del rey y una joven algo bruja, en todos los sentidos, y les ayudó. Jasón se llevó el vellocino y a Medea a su país. Allí vivían rodeados de paz y amor hasta que Jasón se enamoró de otra y la abandonó.

No todas estas mujeres eran heroínas, Medea, la bruja, descuartizó a su hermano antes de huir de su patria, y en venganza por el abandono de Jasón mató a los hijos que tuvo con él.

«No logro escapar de mis propias llamas. Me abandonan los hechizos, hierbas y artes que practico. Ni siquiera la diosa Hécate me favorece, a quien sirvo como sacerdotisa. El día no me resulta agradable y las noches las paso en vela, sin que el dulce sueño me atrape, ¡ay, desgraciada!»

Laodamía a Protesilao

Protesilao fue el primer soldado que murió en la guerra de Troya. Estaba recién casado con Laodamía. Algunas versiones de esta historia cuentan que Laodamía estaba tan desesperada que pidió a los dioses que se lo devolvieran del mundo de los muertos y éstos lo escucharon. Protesilao regresó durante tres horas a su lado.

«Os lo suplico troyanos! ¡Perdonadle la vida a mi marido entre tantos enemigos a los que matar! Él no es de los que se lanzan al combate con arrojo atacando con la espada desenvainada. Es más capaz de amar con valentía que luchar en la guerra. ¡Sea la guerra para otros y para mi Protesilao quede solo el amor!»

Hipermestra y Linceo

El rey de Argos, Dánao, tuvo cincuenta hijas y el rey Egipto, su hermano, cincuenta hijos. Egipto propuso a su hermano casar a sus hijos para unir los dos reinos y Dánao aceptó.

Pero Dánao pidió a sus hijas que la noche de bodas mataran a sus esposos con una daga.

Todas lo hicieron excepto Hipermestra, que no quiso asesinar a su esposo Linceo. Su padre como castigo la encarceló.

«Te escribo a tí, Linceo, el único de todos los hermanos que no ha sido asesinado por su esposa. Te salvé la vida y, como castigo por no rebanarte el cuello con la daga, mi padre me encerró con pesadas cadenas. Si hubiera acabado con tu vida, ahora me alabarían. Pero prefiero estar presa a complacer a mi padre y manchar mis manos de sangre».

Safo a Faón

Safo, un personaje histórico, es una de las poetisas más conocidas de la Antigua Grecia. Provenía de la isla de Lesbos, donde tenía una escuela de poesía. Allí se enamoró de Faón, un joven que poco después la abandonó.

En aquella época se contaba que en la isla de Leúcade había un acantilado desde el que los enamorados se tiraban al mar y salían curados de su mal de amor. Allí fue Safo y se lanzó, pero debió de calcular mal, golpearse contra un risco y no se la vio más.

«Mírate. Luces como un joven, de hermosa figura; estás en la edad para gozar de la vida. ¡Ay, he caído en las trampas de tu hermosura! El dios Apolo amó a Dafne; el dios Baco amó a Ariadna. Ninguna de las dos conocía los ritmos líricos, pero a mí las musas me inspiran para componer dulces poemas».

Helena a Paris

Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, lo abandonó para irse a Troya con Paris. Aquello tenía pinta de salir mal, y salió. Menelao reunió a todas las tropas de los reinos griegos para ir a Troya a recuperar a su esposa. Y comenzó una guerra que duró diez años.

«¡Cómo te atreviste, siendo un extranjero, a ultrajar el sagrado principio de hospitalidad al provocar a una mujer casada, que debe ser fiel a su matrimonio! ¿Para esto llegaste al puerto de Ténaro a través de los tormentosos mares? (…) ¡Ay de mí, desgraciada! Seguirte nos llevará a la guerra».

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Hero a Leandro

Hero, una sacerdotisa de Venus de la ciudad de Sesto, se enamoró de Leandro, un joven de la ciudad de Abido. Pero los padres se oponían a la unión. Las ciudades en las que vivían estaban separadas por el estrecho del Helesponto. Leandro decidió cruzar por las noches el estrecho a nado para encontrarse con Hero, que siempre encendía una luz en su ventana para guiarle en la oscuridad.

Un día esa luz se apagó y durante una tormenta Leandro murió ahogado.

«Paso las horas hablando de ti con mi nodriza y desesperándome por tu retraso o por el oleaje que impide tu venida. Busco las huellas de tus pies sobre la arena y pregunto a todo el mundo si ha llegado alguien de Abido o si parte alguien hacia esa ciudad, al otro lado del Helesponto donde tú vives».

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Hasta aquí las cartas de las heroínas, estas mujeres fuertes y en muchos casos abandonadas o ultrajadas. Un texto muy actual y recomendable.

Las cartas de las heroínas completas y sus historias las encontrarás en el libro Cartas de las heroínas de Ovidio, en la edición de la Editorial SM (2020). Las cartas, que tienen dos mil años de historia, están adaptadas al lenguaje actual por Fernando Plans Moreno y Carolina Pérez Gutiérrez.

El libro Cartas de las heroínas lo he leído entero y no me pagan de la editorial por recomendarlo. Ahí queda.

Imágenes de Cartas de las heroínas: la portada del libro, la de Helena y Hero son de Ana Santos, la ilustradora del libro. La de Aquiles el cachas, es de la película Troya (2004), la de Enone del blogdeenone, la de Dido y Eneas del Teatro Real de Madrid, la de Ariadna y Teseo de Octavia Monaco para la editorial Laberinto.

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