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Escrito Por en Jun 17, 2017 en Literatura Juvenil, Reseñas, Sin categoría | 0 Comentarios

Un espía llamado Sara

Un espía llamado Sara

Tras la muerte de Fernando VII, su hija Isabel es nombrada reina, e inmediatamente el infante don Carlos, hermano del difunto rey Fernando reclama sus derechos al trono. En España rige la ley sálica que da preferencia al hombre por delante de la mujer en la sucesión al trono. Y en ese momento comienzan las guerras Carlistas.

 

Transcurre el año 1834 y Martín Saldías es Sara, un voluntario carlista a las órdenes del general Zumalacárregui. Como Sara, Martín emprenderá un peligroso viaje desde Bilbao con una información transcendental para el desarrollo de la guerra.

Interesante novela corta juvenil e histórica sobre la Guerra Carlista. Puede  ayudar a  adolescentes que estén estudiando ese periodo histórico, a conocerlo más. Especialmente jóvenes del norte de España, donde mayor incidencia tuvieron estas disputas por el trono. La novela  está escrita en un lenguaje sencillo y la trama se puede seguir con facilidad, ya que se alternan capítulos con un narrador observador con otros en los que se nos muestran los pensamientos de los distintos personajes y que aportan información.

El mayor inconveniente de este texto  es que se queda en la simple anécdota: un espía con una misión. El autor  ha intentado que el argumento fuera tan sencillo, que le falta extensión y profundidad para ser una buena novela. Al leerlo tenemos la impresión de que se tratara de un capítulo desgajado de otra novela más amplia en la que comprendemos el conflicto con los carlistas.

Autor: Atxaga, B.

Título original: Un espía llamado Sara

Editorial: SM

Número de páginas: 136

Valoración: Regular.

 

“En marzo de 1833, el rey de España Fernando VII envió una carta a su hermano Carlos exponiéndole sus planes con respecto a la sucesión. La carta terminaba con una pregunta:

¿Aceptas que mi hija Isabel me suceda, hermano?

Aquella petición suponía un desprecio. Según la ley, el trono correspondía  a Carlos, no a Isabel. Además, esta era todavía una niña y la renuncia solo habría beneficiado a la esposa del rey, María Cristina, y al general Espartero.

La respuesta de don Carlos llegó desde Portugal. Aunque envuelta en palabras respetuosas y  amables su respuesta fue categórica.”

 

 

 

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